Emigración en comunidades rurales de América Latina

Miercoles 22 de febrero de 2011

Emigración en comunidades rurales de América Latina

Autores:

Carolina Stefoni

Jorge Martínez Pizarro

Gloria Camacho

Fernando Neira

Introducción

En los años noventa se fue gestando la noción de una paradoja histórica en América Latina: en un mundo más interconectado que nunca y cuando los flujos financieros y de comercio se liberalizan, la movilidad de las personas, en cambio, se enfrenta a fuertes barreras que la restringen, lo que es notorio en el caso de la región y hacía concluir sobre la exclusión formal de la migración en la actual globalización[1]. En tales planteamientos, se reconocía además una escasa valoración del aporte de la migración a la intensificación de las relaciones económicas y laborales, sociales y políticas a escala mundial, en circunstancias en que la movilidad asomaba como un asunto estimulado por numerosos factores, comenzando por las asimetrías del desarrollo y la demanda de trabajadores migrantes. Así, se destacaba que las motivaciones, enfrentadas a las restricciones, derivaban en la vulnerabilidad para muchos migrantes, de lo que se colegía la necesidad de que los países en desarrollo considerasen a la migración desde una perspectiva de derechos humanos, para así, incluirla en el máximo posible de agendas de cooperación.

Esta idea, que se  impregnó en el pensamiento de instituciones como la CEPAL, es la base de muchas iniciativas que se esbozaron posteriormente, y se encaminaron a gestar las bases de una auténtica gobernabilidad de la migración concertada en acuerdos. El propósito que siempre se persiguió fue liberalizar adecuadamente la movilidad, disminuyendo riesgos de todo tipo para los países, las comunidades y las personas migrantes, un asunto que hasta hoy en día no se ha resuelto.

Transcurrida la década de 2000, el balance está impregnado de nuevas tensiones: hay innegables flancos negativos, pues no se ha avanzado en una liberalización de la movilidad y la vulnerabilidad sigue afectando indiscutiblemente a muchos migrantes; antes de migrar, en sus travesías, en su inserción en países de destino y, cada vez con más frecuencia, durante la repatriación. Además, se ha generalizado una visión de desconfianza hacia algunas facetas de la migración, muy fuerte en el caso de la irregularidad migratoria, y la propensión a estigmatizar los procesos migratorios, acentuada por los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, lo que se ha unido a varias aristas también negativas en las que los países desarrollados se debaten sin rumbos claros. Al mismo tiempo, se puede apreciar una importante evolución en la percepción de las tensiones e inconsistencias sobre el papel de la migración en la globalización.

Por eso,  la migración está en una encrucijada. Genera interdependencia creciente de todo tipo, posibilitada en gran medida por la movilidad y conectividad de las personas; al mismo tiempo, la economía global crea y profundiza asimetrías y agudiza la competencia y desigualdad entre las naciones, lo que lleva a que las decisiones migratorias tengan un alto componente de coercitividad. Estas situaciones alcanzan alta intensidad y en el caso de localidades pobres, rurales, de asentamiento indígena o simplemente marginadas de los circuitos modernos, la migración aparece como una estrategia posible para encarar la exclusión, para contribuir al alivio de la pobreza y/o estimular una forma de desarrollo local. Al mismo tiempo, esta opción devela la serie de costos que deben ser asumidos por las propias comunidades, las familias y sujetos involucrados, lo que sin duda, plantea la pregunta: ¿La migración es efectivamente una solución para salir de la exclusión y marginalidad, o conlleva el riesgo de perpetuarla, esta vez en otras geografías o bien bajo nuevas condiciones sociales? En este contexto, el proyecto impulsado por el grupo Chorlaví de Aprendizaje Social: La Migración Internacional y el Desarrollo de Territorios Rurales Pobres en América Latina y el Caribe, plantea un tema de total relevancia en el contexto mundial: la vinculación entre migración y desarrollo en comunidades rurales pobres de la región.

El presente documento tiene por objetivo reflexionar a partir de los resultados de los trece proyectos de aprendizaje realizados en la región, cuyo común denominador fue conocer las potencialidades y los costos de la migración en distintos ámbitos comunitarios. Esta reflexión parte reconociendo la necesidad de analizar la situación familiar, en las organizaciones sociales y en el territorio, ya que en cada uno de estos espacios este fenómeno tiene impactos diferenciados, e incluso, dependiendo de los actores, estos impactos podrán ser leídos en unos casos como desarrollo, y en otros, ser abiertamente cuestionados. Para abordar los impactos diferenciados, se analizó tres áreas en cada caso: económica, político/jurídica y sociocultural, con el fin de obtener una visión más acabada de cómo la migración impacta en la familia, las organizaciones y el territorio.

 

  1. 1. Contexto internacional en el que ocurre la migración

El contexto internacional está marcado por asimetrías profundas y crecientes, que guardan correlato con tendencias de largo plazo. En este sentido, existen numerosas oportunidades para aquellos que logran beneficiarse de estos procesos, dados por su participación en el comercio mundial y en la dinámica del cambio tecnológico. Al mismo tiempo, hay diversos sectores que experimentan incertidumbre y efectos negativos en la vida económica, social, política y cultural.  Estas asimetrías no sólo se reflejan al comparar distintos países, sino que se observan al interior de éstos, donde se produce un contraste entre aquellos que reciben los beneficios de una economía globalizada y quienes asumen en mayor proporción los costos de esa globalización[2].

Esta es la esencia de la creciente desigualdad, generando un proceso de inclusión y exclusión simultánea, que deriva en el ejercicio de derechos, y resalta una nueva sensibilidad en torno a la transgresión a los valores de la dignidad humana.

Una de las facetas que mejor define el juego de inclusión/exclusión es la migración internacional. Mientras en los países desarrollados, aquejados por el envejecimiento, se requiere de trabajadores, a quienes se integra parcialmente, los países en desarrollo, que requieren de inversiones para incorporarse a la economía global en forma estable, así como encarar la desigualdad interna, no logran ofrecer condiciones para retener a parte de sus poblaciones. Esta es la figura descrita como la exclusión formal de la migración internacional en la globalización contemporánea, que alude tanto a las restricciones a la movilidad, como a los desencadenamientos inevitables de los procesos migratorios en un marco de vulnerabilidad.

La ampliación de las disparidades entre regiones, entre países y al interior de ellos ha sido otra característica de la economía mundial de los dos últimos siglos, profundizando también la regresividad en la distribución del ingreso. El derecho al desarrollo y la exigencia del cumplimiento de los tratados internacionales emergen como una respuesta lógica frente a la desigualdad creciente,  y cobra además importancia, la idea del sujeto de derechos en lugar del beneficiario de políticas.

Desde la óptica de los sujetos de derechos, esas personas, a menudo, se desplazan habiendo sido vulnerables en sus localidades de origen y prosiguen desprotegidos en sus travesías e inserción en los países de destino. Así, se reconoce que los migrantes internacionales de América Latina y el Caribe enfrentan mucha desprotección y en la región dicha problemática ocupa una atención preferente, todavía bajo un esquema de mucha retórica y de serios rezagos en la implementación de normativas y políticas afines.

 

Hechos

Desde hace unas décadas, América Latina asiste a un hecho trascendental que es su transformación. Pasó de ser una región eminentemente receptora de migrantes a una emisora. Más de 10 millones de europeos fueron acogidos en América Latina con programas y políticas especiales que les permitieron desarrollar sus proyectos de vida e integrarse en todas las esferas de la vida social, cultural y económica de los países donde llegaron.  Pero la situación se ha revertido dramáticamente a  partir de los años sesenta del siglo XX, aunque los aumentos más importantes parecen verificarse en los últimos años. Desde 2000, se registra un fuerte incremento en el número de migrantes latinoamericanos y caribeños: de un total estimado en 21 millones en 2000 pasó a casi 26 millones en 2005, representando el 13 % de los 200 millones de migrantes en el mundo, un porcentaje claramente superior al 8% que representa la población regional en el total mundial. Esta incidencia habla de la notoriedad regional en la migración mundial. Mexicanos y centroamericanos han comandado las tendencias, pero progresivamente se fueron agregando los oriundos de América del Sur.

Tras este aumento, se han producido visibles cambios: la geografía de los destinos migratorios latinoamericanos y caribeños se ha visto ampliada y diversificada de manera progresiva. No sólo España se ha sumado como uno de los principales destinos después de Estados Unidos, sino que comienzan a aparecer nuevos rumbos como Italia, Francia, Japón, entre otros. Por otra parte, se ha producido también una diversificación en el origen de los migrantes, grupos sociales con menos recursos o de regiones que no han sido históricamente origen de migrantes, se han comenzado a sumar a los flujos migratorios gracias a la llamada que efectúan familiares y conocidos en un contexto de formación de redes. Esto se ha facilitado por el acceso a sistemas de crédito, tanto formales como informales, que permiten sustentar los altos costos de la migración. Otro cambio, es la marcada participación de las mujeres en los flujos y que en algunos países llega a ser mayoritaria y creciente, lo que alude a una feminización cuantitativa y cualitativa que trae aparejadas profundas transformaciones en los significados y consecuencias de la migración. En los sectores rurales, por otro lado, la migración ha comenzado a afectar de manera preocupante no sólo a  la fuerza laboral calificada, sino a la fuerza laboral a secas. La escasa presencia de personas en edad para trabajar sumado a los bajos sueldos en el sector agrícola, genera un vacío que muchas veces es cubierto por inmigrantes más pobres provenientes de otras localidades y eventualmente de otros países que salen en busca de algún trabajo[3].

Así, la presencia de las remesas, la aparición de las comunidades transnacionales y la emergencia de las problemáticas de trata y tráfico, van marcando una agenda compleja en donde se ha ido incluyendo, lentamente, la problemática sobre la protección de los derechos humanos.

 

1.  2. Impactos visibles: Las Remesas

Las remesas constituyen un capítulo especial de la migración latinoamericana. Su crecimiento y notoriedad en todos los países, es especialmente marcado en comunidades y localidades pequeñas, entre ellas, las rurales. Se comenzó a describir sus impactos y se descubrió tempranamente que potencian el consumo y alivian la pobreza de algunos hogares. La notoriedad que ha alcanzado el análisis en torno a las remesas, va de la mano con las dificultades que experimentan las políticas sociales en materia de empleo e inversión. En algunos casos, incluso se ha intentado presentar la tesis de que los migrantes, a través de las remesas que envían a sus familiares, podrían convertirse en agentes de desarrollo que cubran o complementen las carencias que deja la implementación y el diseño de las políticas de desarrollo, empleo y crecimiento.

La proliferación de investigaciones, de iniciativas y de intereses de agentes financieros como el Banco Mundial y el Banco Interamericano para el Desarrollo, entre otros, ha llevado a un cuadro muy diverso y a veces contradictorio en las evaluaciones de los impactos que éstas tienen sobre las personas, familias y comunidades. Se puede afirmar que en la actualidad existen impactos muy variables sobre las economías locales y nacionales, que se identifican en cada uno de los casos analizados en este proyecto, sin embargo, no se puede generalizar estas experiencias. Todo indica que el impacto nacional sobre el ahorro y la pobreza es marginal; en cambio, otras lecturas pueden hacerse cuando se trata de localidades pequeñas, donde la única posibilidad de activación productiva y de consumo, ofrece el ingreso de estas divisas. ¿Qué papel tienen las políticas públicas al respecto? Este es un debate plenamente vigente.

Una de las conclusiones del proyecto es que las remesas contribuyen a incrementar el nivel de consumo familiar, especialmente en términos de alimentos, construcción, ampliación de viviendas y abrigo, lo que es importante cuando otras fuentes de ingreso no están a la mano. Sin embargo, estos beneficios van de la mano con altos costos, también económicos, como son la dependencia de las remesas, el incremento en el precio de las tierras y las transformaciones en el sistema productivo de las comunidades, entre otras.

La globalización contemporánea acarrea la simultánea concurrencia de procesos de inclusión y exclusión de países, regiones, comunidades y personas. A nivel territorial, es muy claro que los territorios rurales sufren las consecuencias esperadas de un proceso de marginación en el que no caben la innovación local ni la sustentabilidad ambiental, tan propias de la competitividad actual. La tarea del desarrollo se torna elusiva y la migración deviene en práctica habitual. La falta de inversión o la inversión de grandes proyectos expulsa igualmente poblaciones, a pesar del importante flujo de remesas que se reciben y que, teóricamente, impactarían sobre el desarrollo local contribuyendo a la retención de potenciales migrantes. Esto lleva a preguntarse hasta qué punto estos recursos pueden contribuir al bienestar de las poblaciones y territorios con alta migración, como suelen ser algunas localidades rurales en países de América Latina, cuando precisamente estos altos flujos de migrantes son consecuencia muchas veces de las desigualdades y exclusiones que sufre la propia comunidad.

 

  1. 3. Cambios en las familias

En localidades rurales pobres, las remesas constituyen un flujo de capital económico y social muy importante para las familias y su utilización puede tener eventualmente un impacto significativo en la comunidad (Box 1. Remesas sociales en Guatemala). Los estudios disponibles para países centroamericanos y México, así como los resultados de los proyectos realizados, muestran que las familias receptoras destinan estos recursos principalmente al consumo familiar, para mejorar condiciones de alimentación, vivienda, salud e infraestructura. Uno de los hallazgos más importantes de esta experiencia es que son extremadamente pocos los casos donde las remesas se utilizan  para proyectos productivos, por la sencilla razón de que se trata de familias receptoras de bajos ingresos que carecen, en general, de capacidades empresariales. No obstante, cuando ello ocurre, estos proyectos son de carácter familiar y se asocian preferentemente a micro-emprendimientos (Box 2. Remesas y proyectos familiares).

La migración en comunidades rurales se inserta en muchos casos dentro de patrones culturales tradicionales que han legitimado y reproducido la desigualdad en las relaciones de poder entre hombres y mujeres y la consecuente desigual distribución de recursos materiales y sociales, como la tenencia de tierras, vivienda, uso de recursos económicos. Esta desigualdad está presente tanto al interior de las familias, es decir, en el espacio privado, como en el espacio público.

Es necesario señalar que gran parte del análisis sobre los cambios en las relaciones de poder al interior de la familia, se realiza desde matrices occidentales que tienden a privilegiar determinadas formas de distribución de poder, asumiendo en ocasiones que en toda América Latina se dan relaciones desiguales que tienden a poner a la mujer en una posición de dominación. Sin embargo, existen algunos casos vinculados con comunidades indígenas, donde existen relaciones distintas que muestran mayor nivel de equidad al interior de la familia y donde la mujer ocupa posiciones de mayor privilegio.  Por eso, es importante señalar que no se trata de tener un modelo “ideal” de relaciones entre hombre y mujer, sino de evitar que se den relaciones de dominación de uno sobre otro.

Para aquellos casos de mayor desigualdad, la migración introduce ciertos elementos que permiten modificar las relaciones de género, aunque no siempre con el éxito esperado. En varios de los casos analizados se observa la persistencia de una estructura desigual que más bien tiende a reacomodarse a las nuevas condiciones y contextos económicos y sociales que genera la migración. La forma en que opera esta adecuación se relaciona o está determinada por las características que asume la migración. Por ejemplo, si se trata del hombre o de la mujer, de los jóvenes, del tipo de familia constituida antes de la migración: familia nuclear, familia extendida, familia con jefatura femenina, entre otros aspectos. (Box 3. Familias en Nicaragua).

El mantenimiento del patrón desigual en las relaciones de género se observa en las continuidades que tiene la división sexual del trabajo, ya que si bien la migración ha hecho que los hombres realicen algunas acciones vinculadas al trabajo doméstico, la reproducción del hogar sigue estando en  manos de las mujeres

La mayoría de los trabajos coinciden en que las comunidades rurales tenían experiencias migratorias previas (migración interna) y, en este sentido, la migración internacional se manifiesta como una continuidad de los patrones migratorios anteriores, con la diferencia que los períodos de ausencia son más largos y en algunos casos existe una mayor presencia de mujeres migrantes. Si bien en casi todos los casos estudiados hay una mayor participación de las mujeres –ya sea vía reunificación familiar o porque ellas migran solas-  la migración masculina sigue siendo superior a la femenina.

Cuando es el hombre quien migra (tal como sucedió con la migración interna), la mujer es quien tiende a asumir las labores de reproducción del hogar: cuidado, alimentación, labores domésticas, el trabajo agrícola o ganadero y, en algunos casos, la representación del hombre en las organizaciones sociales para que la familia no pierda los derechos comunitarios como, por ejemplo, derechos de riego y de tierras, entre otros. Las mujeres deben asumir una multiplicidad de roles, situación que termina por aumentar los niveles de vulnerabilidad y que se incrementa de manera significativa cuando dejan de recibir las remesas.

Cuando es la mujer quien migra, las labores del hogar y del cuidado tienden a ser asumidas por otra mujer: abuela, hermana, hija mayor. Así, no siempre se observa una transformación sustancial en cuanto a la división sexual del trabajo, uno de los elementos sobre los que se basan las desigualdades de género. Otro de los aspectos donde hay mayor consenso es que la incorporación de la mujer al trabajo remunerado a través de una experiencia migratoria, otorga mayor posibilidad de transformar ciertas relaciones de poder al interior de la familia. Posiblemente cuando se trata de mujeres solteras y sin hijos, puede tener un efecto positivo aún mayor.

Los mayores problemas, se asocian tradicionalmente a aquellas mujeres que dejan a sus hijos en sus comunidades de origen.  La separación de ellos está cruzada por dos aspectos: proveer recursos para su alimentación y alcanzar el desarrollo, pagando el  costo de estar lejos de ellos. Esta situación ha llevado a las familias y mujeres a buscar nuevos arreglos, que tienden a minimizar los costos sociales que la separación pudiera tener para los menores. Por eso, ha sido ampliamente difundido en la literatura el rol que asume la familia extendida en el cuidado y protección de los niños. Es necesario mencionar que este tipo de arreglos han sido utilizados desde muy temprano por familias rurales en América Latina, incluso antes de la migración internacional.

Dentro de estos arreglos surgen problemas.  Por ejemplo, que la relación entre padres e hijos comienza a estar mediatizada por el dinero. Los padres, especialmente la madre, siente en ciertos momentos, que sus hijos solo la quieren para que envíe remesas, y los hijos, por otra parte, perciben que ganar dinero es más importante que estar con ellos. Esta tensión se instala al interior de la relación filial y puede ser un elemento que dificulte el proceso de reunificación familiar, ya sea en los lugares de origen o de destino.

La reunificación familiar dependerá de una serie de condiciones no siempre posibles de obtener. Estas condiciones dependen del tipo de política migratoria que exista en el país de llegada. Pareciera ser que en aquellos casos donde la regularización se obtiene con mayor facilidad y los migrantes obtienen los papeles en un corto o mediano plazo, la reunificación es más rápida. En aquellos casos donde la regularización se vuelve más compleja o lenta, es predecible que los hijos demoren mucho más en unirse a sus padres. Otro elemento que incide en este proceso son las condiciones materiales de vida que alcancen los padres en los lugares de destino.  En la medida en que sea posible obtener una vivienda y un trabajo más estable, entonces habrá mayor posibilidades de llevar a lo hijos.

La reunificación, sin embargo, no es el fin de los problemas al interior de la familia,     sino el comienzo de nuevos desafíos. Uno de ellos, y que deben afrontar las segundas  generaciones es el proceso de inserción social dentro de las sociedades de llegada, si es que los padres han sufrido procesos de exclusión y han sido objeto de desventajas sociales.

 

Estigmatización de niños y mujeres

Los marcos normativos culturales de las sociedades latinoamericanas y, en particular, de las comunidades rurales, todavía tienden a estigmatizar a la mujer migrante y a los hijos que quedan solos. La estigmatización de las mujeres se relaciona directamente con el rol que se le asigna socialmente: el cuidado y la reproducción de la familia. La migración de la mujer que deja a sus hijos en el lugar de origen cuestiona directamente esta matriz cultural, que termina culpándola o haciéndola responsable de aquello que pudiera suceder a los hijos. La conducta problemática que tengan los menores, puede ser interpretada por miembros de la comunidad como consecuencia del “abandono de la madre”, sin pensar que estas conductas pueden tener relación con otros procesos sociales, más estructurales, como son la falta de oportunidades para los jóvenes, desesperanza en el futuro, adopción de estilos de vida norteamericanos, entre otros aspectos. Además, estas percepciones no tienen en cuenta que el abandono también puede corresponder al padre, sin embargo, la sanción social no es tan dura como cuando es la mujer quien debe migrar.

Los nuevos arreglos familiares producto de la migración han llevado a plantear a algunos autores que estaríamos frente a nuevas configuraciones de la familia, o lo que se ha denominado como familias transnacionales, es decir familias formadas a través de las fronteras geográficas de los países.  En estos casos, no se trata de la destrucción o debilitamiento de la familia, sino de una ampliación en su concepto, donde la copresencialidad deja de ser un elemento central en su definición. El uso de las nuevas tecnologías facilita el contacto permanente entre sus miembros, lo que permite mantener activa la comunicación e información entre ellos, sin el requisito del contacto cara a cara.

Paradójicamente,  la importancia que adquieren las nuevas tecnologías en las prácticas familiares ha llevado a que además, se desarrollen una serie de negocios comerciales que otorgan este servicio tanto en el lugar de salida como en el de destino.

  1. 4. Los cambios en las organizaciones sociales

Las organizaciones sociales son un actor clave dentro de las comunidades rurales y han jugado un papel importante en la canalización histórica de las demandas de las comunidades hacia las autoridades locales y en la implementación de programas sociales y económicos para su desarrollo. Sin duda, existe una gran heterogeneidad entre las organizaciones, una de las claves que podría explicar los impactos diferenciados que tiene la migración en las organizaciones.  De acuerdo con los resultados obtenidos, hay organizaciones  que se han adaptando a las demandas y recursos relacionados con la migración, otras que han fracasado en el intento por implementar proyectos vinculados a las remesas. Hay organizaciones que han crecido en el número de afiliados, otras que han decrecido y otras que han incrementado considerablemente sus ingresos, gracias a la vinculación con proyectos productivos destinados a atraer remesas.  Estas diferencias se explican, en parte, debido a la propia historia de las organizaciones y a la experiencia migratoria de la comunidad. (Box 4.  Organizaciones en Colombia a partir de los programas de empleo con España).

Otra de las claves que parecen explicar el éxito de los proyectos de codesarrollo impulsados por las organizaciones sociales son la articulación y cooperación entre estas organizaciones comunitarias, las de inmigrantes en el exterior, los gobiernos locales y los gobiernos regionales. Esta fórmula, sin embargo, no siempre garantiza los resultados.  Cuando fracasan algunas de estas experiencias, es posible que la comunidad quede resquebrajada en sus vínculos de confianza y en ocasiones con frustraciones y altos niveles de endeudamiento (como fue el caso de los proyectos de codesarrollo llevados a cabo en la comunidad de Atacheo, en Michoacán, México). También se evidencia que no todas las comunidades cuentan con el mismo nivel de organización y participación. Aquellas donde la asociatividad es menor o más débil, presentan mayores dificultades para llevar adelante proyectos de codesarrollo en articulación con los distintos actores sociales. (Box 5. Articulación actores públicos y privados en el desarrollo de proyectos productivos).

Si bien las organizaciones son diversas, prácticamente todas han experimentado algún nivel de transformación social producto de la llegada de remesas y de la migración de los habitantes de las comunidades. Algunos de estos cambios se encuentran vinculados a los siguientes aspectos:

a)      Objetivos de las organizaciones. La llegada de las remesas, los cambios en la fuerza productiva de las comunidades, la mayor presencia de mujeres, niños y ancianos, lleva a las organizaciones a tener que reformular muchos de sus objetivos iniciales e incorporar las demandas que surgen a partir de los cambios que producen las migraciones. Algunos casos emblemáticos son ciertas organizaciones indígenas, las que desde un discurso de reivindicación política, han transitado hacia la canalización de los recursos económicos derivados de las remesas y de los programas estatales de codesarrollo, que buscan precisamente captar los recursos enviados por los inmigrantes en el extranjero.

b)     Cambios en la composición de los miembros. En muchos casos la participación en organizaciones comunitarias permite asegurar derechos sobre la tierra y membresía a la comunidad. Es por ello que la salida de alguno de sus miembros debe ser cubierta o reemplazada por alguien más de la familia, de manera que no se pierdan los derechos adquiridos. Esto es especialmente relevante en el caso de las comunidades indígenas ya que el derecho a la tierra es un derecho colectivo. En estos casos la participación es asumida por las mujeres, pero ello no significa necesariamente un proceso de empoderamiento para ellas. Si bien existen casos donde las mujeres terminan coordinando proyectos importantes y asumiendo diversas responsabilidades dentro de las organizaciones, en otros casos, se observa que las decisiones siguen siendo tomadas por los hombres y que ellas cumplen solo la función de estar presentes en las reuniones. Adicionalmente, es importante recordar que la participación que asumen las mujeres, cualquiera sea el carácter de ésta, supone una función adicional que deben realizar en ausencia de sus maridos o parejas. Tal es el caso de las mujeres indígenas en la comuna de Sisid, quienes frente a la ausencia de sus maridos, participan en las mingas comunitarias de modo de no perder los beneficios que reporta.

c)      Reconversión. El interés que ha despertado el flujo de remesas en los gobiernos locales, nacionales y en algunas agencias internacionales, pensando en que estos recursos podrían ser utilizados en programas de desarrollo y generación de empleo en las comunidades rurales, ha llevado a que se inyecten recursos frescos para impulsar la captación de los recursos provenientes de las remesas.  La presencia de estos programas y  recursos, como es el caso del programa 3×1, ha llevado a que las organizaciones sociales decidan orientar sus proyectos en función de las prioridades establecidas en estos programas y busquen las redes y asociaciones ad hoc. Si bien ello ha revitalizado a muchas organizaciones sociales, les ha permitido seguir en funcionamiento y en algunos casos, llevar adelante con gran éxito los proyectos que se proponen. Cabe preguntarse, cuál es el espacio que los programas gubernamentales otorgan a las demandas históricas de las propias organizaciones, y en qué medida son los gobiernos y las agencias las que están orientando las acciones y objetivos de las organizaciones sociales a través de la oferta de recursos monetarios. El problema se vuelve más complejo cuando hay componentes políticos detrás de estas ofertas, cuestión que puede detonar en cierto clientelismo que, a la larga, será perjudicial para las propias organizaciones. (Box 6. Rol del estado)

d)     Organizaciones en el exterior. La disponibilidad de recursos por parte de los gobiernos para aquellas organizaciones que logren captar las remesas, ha llevado a la emergencia de múltiples organizaciones tanto dentro como fuera de las comunidades. Estas organizaciones se crean con un objetivo más bien pragmático. En algunos casos, se trata incluso de familias extensas y transnacionales que deciden formar una organización en la comunidad y en el extranjero, de modo de acceder a los recursos disponibles y llevar adelante un proyecto productivo específico. Un aspecto positivo de los programas que buscan la inversión de remesas en proyectos productivos, es el reforzamiento de la vinculación de la comunidad en el extranjero con las comunidades locales. Ello ha llevado a que los migrantes se sientan algo más involucrados en el destino de las comunidades y de quienes han quedado allí.

Existen evidencias de proyectos que han logrado articular muy bien las sinergias público-privadas. Esto ocurre cuando hay mayor convergencia de intereses, trabajos más coordinados en las distintas fases de los proyectos, atención a las demandas reales de la comunidad, apoyo tecnológico suficiente, participación de organizaciones regionales o nacionales que cuentan con una larga experiencia en trabajo comunitario.  Y ese es un conjunto de requisitos que a veces escasea. (Box 7. Proyectos colectivos).


  1. 5. Cambios en el territorio

La migración va finalmente transformando a la comunidad y el territorio.  Los impactos de la migración y de las remesas económicas y sociales en las comunidades rurales dice relación con transformaciones en diversos ámbitos. Uno de ellos es la emergencia de nuevas áreas de negocios asociadas a las nuevas demandas de la población, como es la construcción de casas, centros de Internet y locutorios, entre otros. Por otra parte, se observan cambios importantes en algunos sectores del sistema productivo, como es la transformación de sistemas de cultivo de tierras a la ganadería o tenencia de animales. El desarrollo de cooperativas y la posibilidad de introducir innovación y tecnología también han contribuido a la transformación en las matrices productivas de las zonas agrícolas con alta migración (Box 8. Transformaciones agropecuarias).

Las remesas también pueden generar efectos indirectos como son el desinterés por trabajar la tierra, la inflación del precio de la tierra, la escasez de mano de obra cuando la migración ha afectado la disponibilidad de fuerza de trabajo y los cambios en los patrones de consumo, que llevan a comprar aquello que antes se producía.  Igualmente, la migración es un factor que puede incidir y transformar el sistema de estratificación. En diversos lugares se observa como aquellas familias que no reciben remesas, ya sea porque no tienen familiares migrantes o porque estos dejaron de enviarlas, llegan a constituirse en los grupos de mayor vulnerabilidad social, transformando así las estratificaciones tradicionales basadas en condiciones étnicas.  La participación de comunidades indígenas en la migración internacional, tal como lo muestran los proyectos de Sisid y Suscal en Ecuador,  ha llevado a que se produzca una reorganización de la estratificación social. El acceso de estos grupos a capital económico ha transformado su estatus y valoración social. Acceso a escuelas fuera de la comunidad y compra de terrenos de alto valor económico, son algunas manifestaciones de estos cambios.

Sin duda, la utilización de las remesas es parte de decisiones privadas de los hogares, por lo que las posibilidades de invertirlas en proyectos productivos requieren de capacidades, entornos y relaciones de confianza, que pocas veces existen en localidades menores. Por sobre todo, se necesita articular un espacio en el que las políticas públicas apoyen las transferencias y faciliten su recepción. De otro lado, los gobiernos regionales, estatales y organizaciones internacionales, han buscado apoyar estas experiencias, pero los intereses de los distintos actores no siempre coinciden. Este suele ser el caso de la prioridad a proyectos de infraestructura que privilegian iniciativas de fondos compartidos, como lo fue, desde sus inicios, el Programa el 3×1 en México, que evolucionó posteriormente, para abarcar más frentes y que fue imitado en diversos países de la región, como en Centroamérica, Colombia y Ecuador. A pesar de la evidencia de algunas experiencias exitosas en determinadas localidades de los países, en las sistematizaciones realizadas se observó que no hay un mecanismo que asegure las alianzas y que armonice adecuadamente los intereses y demandas de la comunidad. Se detectaron, por ejemplo, conflictos de intereses en torno a los proyectos implementados, lo que puede transformar las iniciativas en un problema y no en una solución. Además, la ausencia o debilidad de apoyos tecnológicos para los proyectos productivos son un verdadero dolor de cabeza para quienes implementan y evalúan los proyectos beneficiados con los programas 3×1.

Por lo anterior, es relevante seguir discutiendo sobre los impactos de las remesas y las posibilidades de intervención a través de las políticas públicas, planteado el caso de las remesas que canalizan las organizaciones.

 

A modo de cierre

Los antecedentes presentados, el contexto internacional y los vaivenes de las sociedades nacionales, en particular, de las comunidades rurales, así como la literatura y los diversos estudios existentes en la región, indican que los movimientos migratorios están lejos de detenerse y se mantendrán como una característica saliente del siglo XXI. Los problemas asociados a estas dinámicas son variados, complejos y difíciles de interpretar teóricamente, como lo son también las potencialidades que ello reviste y las posibilidades de intervención.  Hay consenso en que resulta fundamental potenciar las  oportunidades que ofrece la migración internacional en muchos ámbitos, para los países de origen y sus comunidades, más allá de visiones simplistas ancladas en el beneficio que siempre ha reportado la inmigración para los países desarrollados. Uno de los aspectos que se perciben más problemáticos concierne a los altos costos que el proceso migratorio puede tener, especialmente en términos de la vulneración de los derechos humanos de las personas migrantes.

Otro de los aspectos centrales dice relación con concentrar esfuerzos y recursos para impulsar el desarrollo de aquellos países y regiones más excluidos. Las condiciones de pobreza, si bien no son las únicas razones para migrar, siguen siendo una de las condiciones principales pues dan cuenta del contexto que promueve la migración. Ahora bien, el crecimiento, el empleo y el desarrollo de las regiones más pobres no será, necesariamente, uno de los mayores incentivos para que las personas opten por quedarse en sus lugares de origen y desarrollen ahí sus proyectos de vida, puesto que al menos durante un período, puede inducir a más migración en la medida que la población esté más informada de la legitimidad de la migración y de las perspectivas que brinda.

Un segundo aspecto que ha concentrado los esfuerzos de los organismos internacionales y algunos países, es la protección de los derechos humanos de las personas, especialmente aquellos que deciden migrar. Es necesario seguir impulsando estrategias de integración de la población que llega a vivir a otro país, en el marco del respeto de las diferencias y la identidad. Al respecto, a los estados emisores de migrantes les compete una gran responsabilidad, no sólo a través del desarrollo de la economía nacional y el respeto de las libertades y derechos ciudadanos, sino en el ámbito más complejo de negociar firmemente con los principales estados de destino, las mejores estrategias para la protección de los derechos de sus ciudadanos.

 

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Box 1.

Remesas sociales en Guatemala

En el proyecto sobre remesas sociales realizado en Guatemala algunas conclusiones obtenidas son las siguientes:

-          La historia migratoria anterior, como refugiados, de un gran número de las familias, es determinante en el tipo de remesas sociales, políticas, ideológicas, de consumo, que proyectan hacia las familias. La conciencia crítica de las causas de la pobreza e inequidad es mucho más profunda entre los que migraron como refugiados durante el conflicto armado.

-          La conciencia de ser parte de una familia que vive en dos naciones distintas es factor que evita la desintegración familiar.

-          La habilidad tecnológica comunicacional y de transporte es remesa general y común en todos los grupos y familias y es un factor fundamental para el mantenimiento de la integración de la familia como familia transnacional.

-          La construcción de las organizaciones y redes sociales en Estados Unidos es débil, pero está en proceso de aprender de otros migrantes como son  salvadoreños, dominicanos, mexicanos.

Proyecto: Familias transnacionales y el desarrollo local Guatemala. Autores: Miguel Ugalde; Ana Victoria Peláez; Juan Fernando Díaz; Meter Marchetti.

 

Box 2

Remesas y proyectos familiares

Dentro de los efectos generados por la migración en las regiones de expulsión hay dos aspectos que han marcado la dinámica económica en los contextos sistematizados como son: por un lado, el desarrollo de proyectos productivos familiares y colectivos, y la generación de servicios financieros.

Las remesas como recurso familiar han favorecido la aparición y desarrollo de proyectos productivos los cuales a partir de iniciativas familiares se han transformado en algunas ocasiones en importantes proyectos sociales.  En el caso de los proyectos productivos que surgen por interés de las familias, es determinante el papel de algunos migrantes que al retornar a sus lugares de origen con capitales acumulados en el exterior, impulsan pequeños negocios y servicios. En la sistematización sobre       Suscal-Ecuador se aprecia que algunos de los emprendimientos de los inmigrantes que han retornado a invertir en su lugar de origen, estuvieron encaminados a la creación de restaurantes, ferreterías, carpinterías, hosterías, agencias de envíos, camiones para comercializar ganado y productos agrícolas, entre otros. En este, como en otros casos, las visiones que se traen y los niveles educativos adquiridos favorecen para que muchos de estos negocios, en especial los desarrollados en contextos urbanos, sean exitosos, mientras que en aquellos que se requería de formación y asistencia técnica, los resultados no fueron los mejores.

Entre los proyectos familiares que se dinamizan con la migración en las zonas rurales sobresale la actividad ganadera que se constituye en casos como la comuna de Sisid de Ecuador, en una buena alternativa, ya que las inversiones en esta actividad se consideran seguras y menos riesgosas en relación con las otras actividades agrícolas. Asimismo, en la sistematización comparativa de Salvador y Ecuador, se señala que en las zonas cercanas a Cuenca, los agricultores lograron insertarse en mercados de productos primarios como hortalizas, leche fresca, pollos, generando rentabilidad de la inversión, motivando el desarrollo de esta modalidad. Las sistematizaciones evidencian que cada vez hay menos interés por parte de los familiares de migrantes en fomentar proyectos productivos en el campo, por lo que este tipo de iniciativas que se están desarrollando debieran de contar con mayor apoyo gubernamental.

Dentro de los proyectos productivos familiares que vale la pena destacar están los señalados en la sistematización de Bolivia relacionados, por un lado, con la construcción de un pozo para agua de riego con participación de 30 familias de las comunidades, quienes aportaron cuotas con fondos facilitados por familiares inmigrantes, lo que mejoró la producción afectada por la sequía. Por otra parte, se destaca el centro de acopio lechero con 49 socios creado por iniciativa de los propios productores migrantes con ahorros. En el caso de Azuay-Ecuador, tanto los nuevos como los antiguos migrantes quieren seguir invirtiendo a pequeña escala en el sector agropecuario en proyectos como: Territorios entrelazados: impactos de la emigración internacional para el desarrollo de Suscal. Autores: Gloria Camacho; Katia Hernández y Virgilio Guasco.

Proyecto: Migración internacional en la Comuna Sisid: cambios y adaptaciones en el territorio rural y economía local. Autores: Miguel Caguana; Miguel Quishpi; Patricio Peñafel; Luis Zaruma.

Proyecto: Análisis comparado de las implicancias sociales, económicas y ambientales de la migración externa en la población de Santa Elena, Departamento de Usulatán, El Salvador y la Provincia del Azuay en Ecuador: construyendo lineamientos para una gestión local sostenible. Autores: René Rivera; Enrique Merlos, Ana Iris Martínez; Raúl Artiga.

Proyecto: La experiencia de las Estructuras Financieras Locales (EFLS) en las Provincias de Azuay y Cañar (Ecuador) como promotoras del empoderamiento rural en un contexto de alta migración internacional. Autores: Carlos Ortega y Patricio Aucay.

Proyecto: Migración transnacional de bolivianos y bolivianas a la Argentina y su impacto en comunidades de origen. Autora: Roxana Dulón.

 

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Familias en Nicaragua

La jefatura de la familia también experimenta cambios con el fenómeno migratorio y depende de varios factores: el tipo de familia sea nuclear, extensa, compleja, la persona propietaria de la vivienda, la persona proveedora principal y el ciclo de vida en el que se encuentra la familia. Por ejemplo, cuando el núcleo familiar es extenso y la jefatura de hogar es femenina, independiente del sexo de la persona migrante, sigue siendo la mujer quien toma las decisiones más importantes y decide sobre el destino de las remesas. Esto también se presenta en los casos en que el hombre migrante tiene su propia familia y al migrar, su cónyuge y sus hijos se van al hogar materno.En Nicaragua, las familias extensas se asocian más a la jefatura femenina que a la masculina. En el caso de familias nucleares, la jefatura la tiende a asumir el cónyuge que se queda.

Proyecto: La migración internacional y el desarrollo, ¿un vínculo posible?: la experiencia de la Red Local de la Sociedad Civil para las Migraciones y el Comité de Familiares de Migrantes de Estela, Nicaragua. Autoras: Rebeca Centeno; Martha Gutiérrez.

 

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Organizaciones en Colombia a partir de los programas de empleo con España.

En Córdoba, el proceso de apalancamiento de las remesas ha tenido algún desarrollo a través del programa Promoción de Inversiones de Migrantes en España en Proyectos Productivos Localizados en el Quindio, de la Cámara de Comercio de Armenia y la Fundación Micros del Quindío. Por su parte, la propuesta de codesarrollo, Circular de la Unión de Agricultores y La Fundación de Agricultores Solidarios de Cataluña, no ha tenido implementación. Estas posibilidades pasan por los arreglos familiares entre los que se van y los que se quedan, que las hacen viables.

A pesar de que los dos programas tienen como objetivo y sustento teórico común el  “codesarrollo”, no se observan similitudes en sus métodos y sus resultados son muy distintos.  El programa de Codesarrollo Circular, que ha pretendido implantarse a partir de la misma comunidad, por iniciativa de migrantes temporales formados en España como “agentes de codesarrollo”, no ha logrado despegar y se mantiene como una mera intención, aunque la evaluación que se está haciendo por parte de los agricultores de Cataluña, la formación de nuevos agentes de codesarrollo y la finalización del Programa de Inversiones de Migrantes, entre otros factores, pueden significar su reanimación.

En contraste, el Programa de Promoción de Inversiones de Migrantes, que “legó” por acción de agentes exógenos a la comunidad, para apoyar esfuerzos que vinculan a los migrantes locales en España con proyectos económicos municipales, ha logrado ponerse en funcionamiento y contar con el capital social y recursos humanos locales, logrando vincular 25 proyectos productivos, en varios casos iniciativas colectivas, surgidas dentro de las organizaciones de base preexistentes, que en la dinámica del programa  se han fortalecido. Se destaca la participación mayoritaria de mujeres dentro de los proyectos vinculados, previéndose, sin ser muy claras todavía, efectos positivos sobre la equidad de género

Proyecto: De productor de café a pueblo de emigrante. Autores: Flor Edilma Osorio; William Mejía; Aída Milena García; Gloria Restrepo; Yohana Cifuentes.

 

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Articulación actores públicos y privados en el desarrollo de proyectos productivos

La convergencia de actores en torno a determinados proyectos comunitarios se avizora como una clave importante para el logro de los objetivos y la obtención de beneficios para la comunidad.  Las sinergias, sin embargo, no siempre son posibles de desarrollar. Problemas de liderazgo, conflictos de intereses, incumplimiento de compromisos, deficiencias en los proyectos y problemas de financiamiento son algunas de las razones que pueden explicar las dificultades para desarrollar redes de trabajo, donde los distintos actores aporten desde sus propias experiencias y conocimientos.  Dentro de las experiencias sistematizadas hay casos de articulación entre distintos actores que tuvieron resultados muy positivos.  Un tipo de articulación es aquella que se da entre ONG en el país de destino y los actores locales. La experiencia colombiano-española del Programa Promoción de Inversiones de Migrantes en España en Proyectos Productivos Localizados en el Quindío de Colombia, es un ejemplo de ello, ya que es ejecutado por la Fundación Micros del Quindío y la Cámara de Comercio de Armenia, en cooperación con el Centro de Comunicación, Investigación y Documentación   Europa – América Latina (CIDEAL), ONG española que trabaja en el campo de la cooperación al desarrollo (p. 36).

Un segundo tipo de articulación es aquella que se da entre organizaciones de migrantes, organizaciones sociales y actores públicos. El caso más emblemático, sin duda, es el 3×1 mexicano. Pero también hay casos más locales, como el de Estelí en Nicaragua en donde la autoridad local se ha articulado con la “Red Local de Migrantes” y el “Comité de Familias de Migrantes” y han logrado producir una ordenanza municipal que acoge las inquietudes sobre derechos humanos de los migrantes destinando fondos y acciones concretas a su promoción.

Hay ámbitos en los proyectos formulados donde las propias organizaciones reconocen sus limitaciones y solicitan el involucramiento de agentes o actores con más experiencia en aquellos aspectos donde la organización se siente débil. Es el caso de la FIOB en Juxtlahuaca, México, la que reconoce sus limitaciones técnicas para la formulación y ejecución de proyectos productivos agropecuarios demandados por las comunidades, y señalan estar abiertos, para establecer alianzas estratégicas con otras organizaciones o instituciones que tengan la fortaleza en donde FIOB es débil (Caso Oaxaca, p. 42).

Esta situación es otra forma de señalar la importancia que adquiere la articulación de actores, cada uno con sus propios ámbitos de expertise, de tal manera que se cubran todos los aspectos necesarios para llevar adelante los proyectos sociales.

Proyecto: Efecto de la migración internacional en las Comunidades Mixtecas Oaxaqueñas, México. Autores: José Luis Chávez; Rafael Reyes; Griselle Velasco.

 

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Rol del Estado

La importancia de la vinculación entre diversos actores sitúa al Estado en un lugar central. Si bien existen experiencias donde éste ha asumido un rol más protagónico y articulador, como son el caso del 3×1 en México y la experiencia en Nicaragua, es necesario señalar que no siempre sucede así. La sola presencia del Estado no es garantía de sostenibilidad y éxito de las experiencias, pero sí constituye una condición de posibilidad para el logro de los objetivos trazados.  De ahí que la ausencia del aparato público que se constata en las sistematizaciones realizadas, sea una luz de alerta en la formulación de programas y proyectos en dichas comunidades.

Las sistematizaciones muestran que en aquellos casos donde hay poca participación del Estado, son las iniciativas privadas (servicios financieros y organizaciones sociales) las que buscan soluciones. Las mismas que suelen demandar una mayor participación del aparato público, pues hay un sentir compartido de que el Estado se ha despreocupado de las comunidades y ha dejado  que sean las propias personas quienes solucionen sus problemas.  La ausencia de una “responsabilidad social” por parte de las autoridades, dificulta el desarrollo de las sinergias entre actores, necesarias para lograr la reconstrucción económica y social de los territorios de origen de la migración.

Un ejemplo de ausencia del Estado es el caso de la sistematización realizada en Puno, Perú. Si bien el gobierno local no se ha involucrado en proyectos comunitarios vinculados con la migración, sí existe a nivel nacional iniciativas que buscan canalizar  las remesas con fines colectivos, como es el programa el “Quinto Suyo”. En Puno, en cambio, la iniciativa ha sido llevada a cabo por privados que han buscado la bancarización de las remesas para inversiones y ahorro. Algo similar ocurre en el caso colombiano, en donde la experiencia del Programa de Promoción de Inversiones es una iniciativa exógena, que nace en España.

Proyecto: Las remesas de los migrantes Quillabambinos en Italia y sus implicancias en el desarrollo local. Autores: Alejandrino Loaiza; Leonidas herrera; César Sotomayor.

 

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Proyectos colectivos

Los proyectos colectivos son propiciados por asociaciones civiles y organizaciones gubernamentales y han tenido un impacto importante en la dinámica local de las zonas sistematizadas. Por ejemplo, en Atacheo de Regalado en Michoacán se desarrollaron cuatro proyectos productivos: cría de pavos, cría de cabras, invernaderos y fábrica de bafles o bocinas para grupos musicales, donde se logró juntar la participación de asociaciones de migrantes, iglesia, la comunidad y el gobierno estatal.  Cabe señalar también los dos casos de inversión directa de remesas en proyectos generadores de empleo como son: La Cooperativa Transnacional de Procesamiento de Cantera y La Cooperativa Turística en Sierra Gorda, Hidalgo-México, así como el Programa Córdoba en Colombia.

Si bien es cierto que la generación de proyectos productivos familiares y colectivos en las áreas sistematizadas ha tenido un impacto positivo en la generación de empleo y la dinámica económica, en las regiones donde se desarrollan, un problema recurrente es la sostenibilidad de dichos proyectos, en la medida en que la probabilidad de sobrevivencia no pasa en muchos casos de tres o cuatro años, como ocurrió en Atacheo y en otras zonas de estudio. Esto se explica en gran medida, debido a las expectativas económicas que se generan con estas actividades y en donde el nivel de ganancias no corresponde con los montos de inversión.  Se suma la falta de apoyo de los gobiernos locales, problemas de corrupción, falta de planeación y asistencia técnica, problemas de comercialización y acceso a créditos, entre otros. Por ejemplo, en Sierra Gorda (Hidalgo) no se ha desarrollado capacidad de inversión en proyectos redituables y si existen son a muy pequeña escala.

Lo anterior no quiere decir que la tendencia de los proyectos productivos en la región sea un fracaso, pero sí que tienen que enfrentar muchos obstáculos. Tanto así que en Atacheo sobrevivió y ha tenido éxito la actividad de invernaderos y, en el caso de la iniciativa de CASE en Santa Helena, en Salvador, han logrado consolidar su presencia en el municipio como resultado de su carácter apolítico, la búsqueda de acuerdos y alianzas estratégicas con otras instituciones públicas y privadas, para emprender proyectos, así como por estar constituidos legalmente tanto dentro como fuera del municipio, lo cual les legitima para ser canalizadores de recursos técnicos y financieros que se destinan para contribuir al desarrollo local.  Es necesario precisar que el reto de la sostenibilidad de la relación entre remesas y proyectos productivos pasa no sólo por las posibilidades de acceso a crédito, planeación, transparencia en el manejo de recursos y procesos organizativos entre otras cosas, sino que implica una mayor participación de los gobiernos locales como articuladores de los actores involucrados y como facilitadores de los procesos productivos.

Un factor clave para la generación y desarrollo de proyectos colectivos es la obtención de créditos. Para responder a ello, han comenzado a surgir en la región organizaciones públicas y privadas cuya finalidad es captar remesas enviadas por los inmigrantes y promover servicios de crédito social y/o para iniciativas productivas. Como parte de esta intención encontramos las experiencias de las estructuras financieras locales de Azuay y Cañar en Ecuador, así como los microbancos de Mixtepex en Oaxaca y Pahuatlan en Puebla (México), que desde una óptica de organizaciones sociales alternativas, ofrecen en las áreas rurales servicios de ahorro y créditos dirigidos a migrantes y no migrantes. La importancia de estas financieras es que surgen desde y para las comunidades, lo que permite el fortalecimiento de capital social en temas de organización, liderazgo, autogestión, autocontrol, creación de redes y en especial, la gestión de proyectos productivos.

Proyecto: Sistematización de las experiencias en el uso productivo de remesas para el fomento del desarrollo: un estudio de caso en proyectos productivos del Municipio de Regalado, en el Estado de Michoacán de Ocampo, México. Autor: Fernando Neira;  Proyecto: Remesas y desarrollo en los microbancos de Mixtepec en Oaxaca y Pahuatlán en Puebla: una experiencia de bancarización y desarrollo local en medio rural. Autoras: Laure Delalande; Annabelle Sulmont.

Proyecto: Impacto de las remesas de migrantes en el desarrollo de las comunidades de origen: el caso de los Fondos Revolventes Micro-regionales Autogestivos Integrales en el Centro de México. Autores: Salvador García; Miguel Carrillo; Oralia Cárdenas; Antonio Flores; Salvador Corona; Rosa Sánchez.

 

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Transformaciones agropecuarias

La migración internacional desde comunidades rurales pobres en América Latina constituye una amenaza y a la vez una oportunidad para su desarrollo. Este hecho ha impactado en la dinámica económica de los territorios, modificando las actividades productivas y el mercado laboral. Los estudios coinciden con dos consecuencias fundamentales: el enorme flujo de remesas y la disminución de fuerza laboral, sobre todo, joven y calificada.

La mayor parte de sistematizaciones encuentran que hay una tendencia a abandonar la tierra y las actividades agrícolas tradicionales, junto a un creciente desinterés por trabajar el campo.  Se reporta, también, que en las zonas de migración se estaría prefiriendo usar la tierra para cría de animales, mejor que para la agricultura que demanda más trabajo y supone mayores riesgos (sistematizaciones realizadas en     Sisid-Ecuador, Bolivia y El Salvador). Al parecer, este hecho se produce en forma más marcada cuando se trata de migraciones más antiguas, prolongadas o hacia lugares más distantes; pues en los casos de movilizaciones internas y de migraciones temporales o circulares hacia países vecinos, por ejemplo,  de México a Estados Unidos, de Bolivia a Argentina, de Nicaragua a Costa Rica, es más frecuente que se continúe cultivando la tierra y se invierta en actividades agropecuarias, en tanto existen vínculos y motivaciones que posibilitan su mantenimiento.

Otro factor que incidiría para preservar o adquirir tierra con fines productivos es la pertenencia étnica de los migrantes, pues varios casos muestran que la población indígena (Ecuador, México) invierte más en ese propósito que la mestiza, incluso en el caso de Sisi- Ecuador se habla de una noción de “reconquista” de sus territorios. Sin embargo, no siempre las familias indígenas con migrantes han continuado cultivando la tierra, pues al tener remesas prefieren comprar los productos agrícolas y, en algunos casos, rentan la tierra adquirida para pastoreo de ganado. La demanda de tierra ha producido una elevación desmedida de su precio[4], lo que encarece los costos de producción y limita el acceso a las familias más pobres o que no reciben remesas. Sin duda, esto se traduce en una profundización de las desigualdades sociales en los territorios e, incluso, al interior de la población indígena.

Es necesario mencionar un hallazgo de la sistematización de El Salvador: la no ampliación de la frontera agrícola tendría un impacto ambiental positivo, en tanto ha permitido la preservación de los bosques. Sin embargo, habría que ver cómo potenciar este beneficio a favor de la población local.

Los efectos de la migración en el agro son diversos y contradictorios, en unos casos se deja de trabajar el campo y se abandonan los cultivos de autoconsumo, lo que genera una dependencia de las remesas y coloca en situación de vulnerabilidad a los hogares receptores, situación que pone en riesgo la seguridad alimentaria no sólo de las familias de migrantes sino de toda la población territorial. En otros casos, en cambio, se encuentran experiencias de mejora e incremento de la producción agropecuaria, sea a través de inversiones familiares, de esfuerzos cooperativos o proyectos comunitarios, entre los que se menciona la instalación de invernaderos, de sistemas de riego,  y la construcción de centros de acopio.  En estas iniciativas se constatan modificaciones en los sistemas productivos, como es la introducción de nuevos cultivos, la producción intensiva orientada al mercado, preferencia por la cría de animales, el uso de nuevas tecnologías, producción orgánica, la feminización de la fuerza laboral y la creciente contratación de trabajadores agrícolas.


[1] CEPAL, Globalización y desarrollo (2002), [LC/G.2157(SES.29/3)], Santiago de Chile.

[2] Bauman Zygmunt (2006) Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil. Siglo XXI . Madrid

[3] Mummert, Gail (1999), “Juntos o desapartados: Migración Transnacional y la Fundación del Hogar”, en: Fronteras Fragmentadas, México, El Colegio de Michoacán y Centro de Investigación y Desarrollo del Estado de Michoacán, pp. 451 – 476

[4] En las sistematizaciones de Ecuador, donde la migración es relativamente reciente, se reportan incrementos del costo de la tierra de hasta del 100% con respecto a los precios previos a la migración.

Fuente: http://www.grupochorlavi.org