Colombia: El Plan de Vida como instrumento de resistencia entre los pueblos indígenas.

El Plan de Vida como instrumento de resistencia entre los pueblos indígenas

Domingo, 04 de Septiembre de 2011 23:38 |
Por Cecoin

La lectura crítica sobre el Plan de Vida

El Plan de Vida como instrumento de planeación comienza a ser apropiado por los pueblos indígenas de Colombia desde la última década del siglo pasado; tal innovación se convierte paulatinamente en medio para dar legitimidad a la acción del Cabildo o para orientar la acción de la organización indígena en el plano regional, pero ante todo se constituye en fórmula para dar organización y sistemática a la interlocución entre el gobierno indígena y los actores gubernamentales u otros actores. Estos cambios en la forma de plantearse la planeación entre los pueblos indígenas que contemporizan con las reformas del Estado en este periodo, no implican que el conjunto de Planes de Vida que en la actualidad son asumidos por los pueblos o sus organizaciones, como también por los Cabildos, compartan una misma metodología o que sean instrumentos en los que claramente sea perceptible la adecuación de tipo cultural. Una aproximación crítica a este modelo de planeación permite ver cómo gran parte de las experiencias de planeación asumidas bajo esa definición se deben leer en continuidad con las concepciones de planeación tradicionalmente agenciadas por la institucionalidad estatal.

Como tendencia, en muchos planes de vida se puede observar que se reproduce el esquema de planeación tradicional del contexto local, es decir, se asumen los modelos o las metodologías que tienen arraigo en el ámbito municipal, y que se expresan en los Planes Municipales de Desarrollo. En este tipo de planeación se trata de hacer explícita una serie de demandas con respecto a sectores como son la educación, la salud, la producción o la infraestructura. Estos ejercicios se inscriben en la práctica tradicional de planeación en la que se hace el inventario de demandas no satisfechas, y en función de esas necesidades se formulan proyectos. Este tipo de planeación se define por su naturaleza instrumental, allí el objetivo es ante todo la identificación de proyectos por financiar con el objetivo de cubrir unas demandas sectoriales. Es importante realizar la crítica a este tipo de planeación en la que, si bien se logra identificar un conjunto de necesidades no satisfechas y afirmar la necesidad de su resolución, sin embargo, es claro que tales planes de vida no se constituyen en oportunidad de elaborar visiones políticas de más largo alcance o de estructurar propuestas a partir de preguntas que son fundamentales en el sentido de garantizar la reproducción cultural y territorial de un pueblo.

Otro conjunto de Planes de Vida son los que se formulan por grupos especializados, los cuales son externos a las comunidades, y en los que los objetivos están predeterminados por quienes financian su formulación. En este tipo de planes la participación de la población indígena se concibe en función de proveer información, o simplemente se le invita para consultar los resultados del grupo de especialistas. Es evidente que la planeación se convierte en camino para afianzar determinada propuesta ideológica, siendo en algunos casos el medio para ejercer control por parte de un actor social determinado, el cual puede ser una empresa con interés en el control de un territorio, o un programa agenciado por una institución gubernamental o no, pero igualmente puede ser el medio para legitimar una política gubernamental, como por ejemplo, la de conservación de ciertas áreas o ecosistemas.

La lectura sobre las diferentes experiencias de planeación en el contexto de los pueblos indígenas permite deducir que no siempre los resultados responden a las expectativas de la población, y que no se puede asumir que el Plan de Vida por sí mismo es la construcción en la que se expresa una política adecuada al contexto cultural de la población de origen, y en correspondencia un proyecto orientado al ejercicio de la autonomía. Ya se han señalado los limitantes respecto a ciertos Planes de Vida en los que claramente es visible que tales ejercicios no conducen a generar instrumentos para fortalecer la gestión del gobierno propio, pero frente a esta realidad es importante la pregunta sobre cuál es el estatuto del Plan de Vida, y cuáles son sus referentes conceptuales.

Interculturalidad y planeación

Un primera definición de contexto respecto al ejercicio de planeación entre los pueblos indígenas permite señalar que tal proceso se sucede en un escenario de interculturalidad, que en función de esa realidad no puede precisarse un método y una técnica única para su realización, y que en ese sentido no puede esperarse que exista un modelo que describa paso a paso cómo se debe proceder para formular el Plan de Vida. Si el Plan de Vida es instrumento de gobierno, tal forma de entenderlo permite identificar una primera premisa, esto remite a un escenario de diversidad, a espacios de encuentro de las autoridades de los pueblos indígenas, los cuales se regulan según su propia historia y cultura. Pero, al mismo tiempo, se requiere entender que la autoridad indígena, al momento de enfrentar el ejercicio de planeación —en el sentido de darse un Plan de Vida— asume el diálogo con otro tipo de saber y establece relaciones con procedimientos y técnicas que no están inscritas en su tradición cultural. Esta relación dialógica, de encuentro de saberes, como definición que debe estar en el punto de partida, permite asumir que el Plan de Vida es construcción de conocimiento en el que deben estar explícitas las expectativas de los diferentes actores que concurren: las que están ancladas en la tradición cultural de un pueblo, y las que se revelan en el espacio de modernidad o de articulación al Estado. Si se entiende que el Plan de Vida debe poner en juego métodos y técnicas de conocer que son propias de un pueblo indígena, al mismo tiempo que las integra con otras formas de conocer, es posible decir que el primer paso para asumir tal proceso es el acuerdo con relación al método o a cómo se va a proceder en la construcción de conocimiento. Este acuerdo no es instrumental, es el consenso necesario o la política que orienta la producción de conocimiento, allí se define qué se entiende por participación, se determina el mecanismo para la toma de decisiones, y se identifican los diferentes ejercicios que se van a realizar. Sin el cumplimiento de este paso la planeación por emprender es presa de la subordinación y deriva en práctica de control por parte de actores externos.

El ordenamiento del territorio

El ordenamiento del territorio indígena actualmente es condición en los Planes de Vida por las transformaciones que viven estas sociedades, por las iniciativas económicas que actores empresariales y estatales proyectan sobre tales áreas, por la presión que se ejerce respecto al acceso a los recursos naturales, y por la forma como las poblaciones indígenas se involucran en proyectos económicos de distinta naturaleza. Estos cambios, que han llevado a que se transformen los modelos tradicionales de uso del territorio, implican que se tenga que reflexionar sobre el problema del desarrollo e identificar las amenazas que se presentan sobre sus territorios.

A partir de conocer las políticas estatales respecto al ordenamiento territorial del país en función de la minería, del acceso a los recursos de la biodiversidad, de la ampliación de la infraestructura y de otros campos estratégicos, es posible deducir la forma como se insertan los territorios indígenas y las amenazas que de esas situaciones se derivan. Con esta lectura es posible construir una política que permita valorar y resistir frente al modelo de desarrollo dominante. Esta política, por los antecedentes históricos, no puede ser más que de resistencia. Al precisar la naturaleza de esta política se puede entender mejor el significado de ordenar el territorio y comprender cómo otras dimensiones del ordenamiento se subordinan a ese marco orientador. No se puede confundir la formulación de una política de ordenamiento territorial con los ejercicios donde se ordena ambientalmente un espacio, o con los planes de manejo cuando se trata de áreas de bosque.

La política de ordenamiento del territorio es el fundamento para la construcción de autonomía y, a partir de ella, se definen las relaciones con actores externos, pero al mismo tiempo permite regular las relaciones entre la comunidad; un ejemplo es el caso del acceso a los recursos naturales que, al ser propiedad colectiva, no pueden ser apropiados sin que medie el ejercicio de consulta interna, instrumento para la toma de decisiones que debe tener su estatuto y un marco orientador en sentido de disponer de unos principios respecto al manejo y uso de los recursos colectivos.

El Plan de Vida y la política

Otro factor para entender el Plan de Vida tiene que ver con el contexto social en el que se sucede y los antecedentes que lo determinan. Los pueblos indígenas se inscriben en el marco de una acción política en la que la afirmación de la territorialidad es precepto que corre paralelo con el ejercicio de la autonomía; tales acciones son expresión del derecho a persistir como culturas y, si bien son procesos que se remontan a siglos de resistencia, sin embargo, adquieren una forma particular de expresarse en las últimas décadas en las que el movimiento social indígena se integra en espacios globales, y sus demandas son motivo del derecho internacional. Esta referencia al escenario global permite llamar la atención sobre el contexto en el que se sucede la planeación, que si bien tiene por objeto pensar la realidad de un pueblo o remite a lo local, no puede perder de vista que existen factores que de modo obligado imponen ciertos temas de reflexión y de construcción de política alrededor de ellos.

Un ejemplo es el que tiene que ver con el territorio. Allí se presentan situaciones en las que un pueblo tiene relativamente el reconocimiento jurídico y el control de un espacio, mientras que puede ser que otro pueblo no tenga satisfecha esa aspiración. Estas dos realidades enseñan sobre los elementos que se deben tener en cuenta en el proceso de planeación. En el primer caso, a condición de disponer de un territorio obliga a preguntarse por las articulaciones que éste tiene con otros, o con la interacción que tiene con escenarios de planeación más amplios. En donde puede ser más explícita esta articulación es en el dominio de la política estatal respecto a áreas de conservación, o la normativa de planeación de las cuencas, así ciertos territorios indígenas tienen continuidad con áreas de conservación, o en algunos casos se superponen y, al mismo tiempo, por lo general están integrados en una o varias cuencas. Estos elementos de política global y estatal —que incluso disponen de normativa respecto a los procedimientos de planeación— deben tenerse en cuenta por diversas razones, un primera por un principio de interdependencia que existe, pero también por las jerarquías que el ordenamiento territorial impone.

En el caso del manejo de una cuenca es claro que un territorio indígena no se puede sustraer a pensar, en complementariedad con otros actores que allí viven, el manejo que se debe hacer de recursos estratégicos para la supervivencia como el agua o la biodiversidad. En el segundo caso, un pueblo que no tiene satisfecha su demanda física de territorio se enfrenta a otra realidad y es la de construir política para su resolución. La oportunidad de construir política se refiere a identificar las demandas territoriales, determinar unos instrumentos para acceder a ello, y efectuar prospección sobre los escenarios institucionales para asumir la gestión. En este caso, como en el primero, es importante asumir que al entender el contexto es posible determinar con mayor claridad la acción que se debe emprender. El conocimiento del contexto y de los actores externos con los cuales se debe interactuar —al igual que se llegan a entender las normas nacionales o internacionales que se convierten en instrumentos para guiar la acción—, es una oportunidad para formular una política a partir de reconocer la magnitud de las amenazas, pero también de identificar mejor los instrumentos que se pueden usar para garantizar la persistencia de un pueblo.

La planeación y la gobernabilidad

La planeación lleva al ordenamiento en diferentes planos, esto significa introducir regulaciones ya sea en el manejo territorial, en el uso y acceso a los recursos naturales, en el control y manejo de lo público, en el marco de las relaciones familiares, en el ejercicio de la justicia y, en general, sobre el conjunto de las relaciones sociales. El Plan es instrumento de política y de gobierno, en tal sentido es un acuerdo social, y por ello deben propiciarse los consensos necesarios. Uno de los aspectos importantes para acometer como tema de reflexión por las sociedades indígenas es el del gobierno y los mecanismos existentes para la aplicación de justicia, ya sea para valorar la legitimidad de las estructuras de gobierno o para conocer sobre la forma como los sistemas de control social se adecuan a los nuevos espacios de relaciones sociales que experimentan estas sociedades.

El conocimiento sobre la gobernabilidad y, en general, sobre la forma como la institucionalidad indígena funciona, es la base para proyectar los requerimientos en el fortalecimiento y desarrollo institucional que se necesitan para la implementación de lo planificado o proyectado en el Plan de Vida. Sin esta previsión, la planeación puede convertirse en un documento o en un conjunto de proyectos. Se debe asumir que el Plan no es más que un conjunto de cambios en torno al manejo de lo ambiental, lo social, lo territorial, lo económico y otros aspectos de la vida social que requieren tener un soporte institucional. Sin ese soporte institucional, y sin considerar que se debe acrecentar la capacidad de gobierno en lo local, los cambios que se desencadenan se convierten en factores de conflicto que no disponen de instrumentos para su resolución.

Resistencia y política cultural

Otra forma de comprender el Plan de Vida es como medio para afirmar un proyecto cultural; en ese sentido es importante recordar que la acción que se debe desplegar, o los objetivos que se proyectan se fundamentan en unos valores que son específicos a un universo cultural. Así, es más importante dar claridad sobre los aspectos cualitativos de un proyecto educativo, que simplemente identificar la población que debe ser objeto de cobertura, el número de maestros y la infraestructura requerida. Si bien los datos cuantitativos son necesarios, ello no debe confundirse con el proyecto educativo. El proyecto educativo define los principios que orientan la acción de comunicación e identifica los valores sobre los cuales se busca asegurar la reproducción de la cultura.

Esta misma racionalización es la que se tiene que realizar en diferentes campos como son el sistema de salud, la soberanía alimentaria, el sistema de poblamiento o la construcción de asentamientos, y el fortalecimiento de espacios rituales y de intercambio. En general, se trata de fortalecer la identidad del grupo, reforzar los lazos de solidaridad, y asegurar su reproducción por medio de la planeación.

Descargar documento: Revista Etnias y Política No. 9

Actualizado (Lunes, 05 de Septiembre de 2011 02:25)

Fuente: http://www.observatorioetnicocecoin.org.co/