Wallmapu, 2014: Huenchumilla: un Lautaro del siglo XXI

COLUMNAS

3 de julio de 2014

Huenchumilla: un Lautaro del siglo XXI

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PhD. Candidate in History, Georgetown University

El intendente Huenchumilla no es un aparecido. El fondo de sus declaraciones y acciones políticas está enmarcado en un proceso de larga duración, cuyas raíces se pueden rastrear desde las primeras generaciones de guerreros mapuches que enfrentaron con valentía la invasión española. Aunque la lucha por la paz en el presente es distinta, por cuanto el contexto es otro, el contenido en los mecanismos de supervivencia mapuche no ha variado significativamente en los últimos cuatrocientos años. Desde Lautaro hasta Huenchumilla, la historia muestra cómo el pueblo mapuche ha conseguido mantenerse con vida a pesar de todo: invasión europea en el siglo XVI, ocupación del ejército chileno a fines del siglo XIX, asedio de las grandes compañías forestales a mediados del siglo XX y últimamente el acoso de un sistema legal inmoral que ha criminalizado la legítima protesta social de un pueblo que se siente oprimido.

Las coincidencias entre Lautaro y Hunchumilla saltan a la vista, siendo fiel reflejo de la continuidad al interior del mundo mapuche en sus formas de adaptación cultural, en función de mantener con vida su identidad como pueblo y evitar su extinción. Lautaro –el célebre líder “araucano” inmortalizado por la pluma de Alonso de Ercilla– fue hijo de lonko, y Francisco Huenchumilla es hijo de un suboficial del Ejército de Chile descendiente de caciques. La leyenda cuenta que Lautaro pasó años al servicio del conquistador Pedro de Valdivia, como su paje personal y prisionero de guerra. Durante sus años de cautiverio, Lautaro aprendió las formas de combate de los españoles, estudió la cultura del invasor y las hizo propias, protegido por el manto del silencio que un adolescente indígena representaba para las huestes españolas del siglo XVI.

Así como Lautaro cuatro siglos antes, Huenchumilla es un sujeto bicultural. Desde su identidad mapuche incorporó los elementos que la sociedad chilena le ofreció, con el fin de avanzar en sus conocimientos, prepararse para la vida adulta y emprender la lucha por el derecho a vivir en paz, tal como lo hizo Lautaro.

El Intendente Huenchumilla, cuatrocientos años más tarde, también aprendió desde el anonimato las formas de combate de otro invasor, el Estado chileno. Durante su infancia aprendió las primeras letras en la escuela N°4 de Temuco y la Escuela Misional Padre las Casas, fundada por misioneros capuchinos alemanes a fines del siglo XIX y concebida en sus orígenes como centro educativo para los jóvenes mapuche de la región. Huenchumilla fue uno de ellos. Los estudios secundarios el intendente los continuó bajo el alero de los misioneros en el Seminario Capuchino San José de la Mariquina, para más tarde titularse de abogado por la Universidad de Chile.

Así como Lautaro cuatro siglos antes, Huenchumilla es un sujeto bicultural. Desde su identidad mapuche incorporó los elementos que la sociedad chilena le ofreció, con el fin de avanzar en sus conocimientos, prepararse para la vida adulta y emprender la lucha por el derecho a vivir en paz, tal como lo hizo Lautaro. No obstante, los escépticos podrán argumentar que Huenchumilla no es realmente mapuche como lo fue Lautaro y que es un chileno como cualquier otro tratando de sacar dividendos políticos a su difusa y cuestionable identidad indígena. Pero entonces, bajo la misma lógica, es válido preguntarse si los mapuches trataron de la misma manera a Lautaro luego que regresara a vivir entre sus hermanos al sur de la frontera, probablemente montado sobre un caballo, portando lanzas de coligüe adosadas con puntas de espadas, hablando español y cargado de conocimientos militares europeos. ¿Dejó Lautaro de ser mapuche? Lo dudo. Por el contrario, su identidad indígena se vio reforzada por la incorporación de los nuevos conocimientos adquiridos. En consecuencia, quienes atacan a Huenchumilla acusándolo de que no puede ser mapuche porque recibió una educación de excelencia, logrando éxito en la vida política como diputado, ministro, alcalde e intendente, yo les diría que lean más historia y aprendan de Lautaro y tantos otros líderes mapuches que supieron adaptar sus modos de vida, integrando elementos de la cultura dominante con el objetivo de sobrevivir culturalmente. Ejemplos más recientes de otros Lautaros son abundantes en la historia de Chile. Antonio Neculmán, Francisco Melivilu, Manuel Manquilef, Aburto Panguilef y Venancio Coñuepán, entre muchos más.

En conclusión, Huenchumilla no está solo. No es un aparecido que simplemente busca pavimentar su agenda política personal, aunque es probable que sus declaraciones y acciones persigan amasar mayor capital político en pos de un nombramiento ministerial. No lo sabemos con exactitud, pero lo que sí sabemos con mayor certeza es que Huenchumilla forma parte de una tradición larga de líderes mapuches. De esos Lautaros de comienzos del siglo XX que lucharon por proteger los derechos de su pueblo y lo hicieron como mapuche-chileno… sí, me escuchó bien, mapuches que son también chilenos, porque se puede pertenecer a ambos mundos, tal como lo hizo Lautaro en su tiempo, como lo lograron Melivilu, Manquilef, Panguilef, Coñuepán y muchos más. Por eso, no nos escandalicemos por las declaraciones de Huenchumilla. Por el contrario, escuchemos sus propuestas reconociendo desde dónde se gestan, es decir, desde el espacio en que convergen el mundo mapuche y el chileno. Aprendamos de la historia. Huenchumilla es un Lautaro del siglo XXI. Un luchador de la paz, dispuesto a inmolarse por la causa mapuche y la causa chilena. No lo ataquemos. Tengámosle paciencia y esperemos las soluciones que nos pueda ofrecer para construir los acuerdos de paz que la Araucanía tanto necesita.

ELMOSTRADOR.CL